Concurso contra el Acoso Escolar

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Concurso contra el Acoso Escolar

Categoría:Noticias generales

Estamos muy orgullosos de poder anunciar que Desiré Losada de la clase de 1°ESO A ha obtenido el Primer Premio en la modalidad literaria del Concurso contra el Acoso Escolar promovido por el Consell Valencià de Cultura. ¡Desi, muchas felicidades!

Es un reconocimiento importantísimo dado que es un concurso en el que han participado muchos centros educativos de toda la Comunidad Valenciana y una alumna de nuestro centro se ha erigido como ganadora del Primer Premio.

Una vez más le es reconocido al centro su buen hacer en el ámbito de la creatividad en la escritura. Desde la asignatura de Castellano y con nuestra profesora María José, se trabaja mucho esta área y se realizan trabajos en los que se busca fomentar la imaginación, la originalidad y la creatividad en el texto escrito. Con todo esto, se trabaja el pensamiento divergente y una parte de la inteligencia que es muy necesaria para el desarrollo integral de la persona.

 

Este es el relato con el que Desi ha obtenido el Primer Premio:

 

Hola, querido diario:

Hoy todo ha ido igual de frío e igual de abrumador. Esta mañana en clase, como siempre, nadie me ha hablado salvo mi mejor amiga Elena. ¡Menos mal que la tengo a ella!

Después de mi jornada agotadora en el instituto, a las 5.30, me dispuse a ir a inglés extraescolar. Me habían mandado de deberes aprenderme una poesía para recitarla en clase. Estaba bastante nerviosa, pero al final me salió bastante bien, bueno o eso fue lo que me dijo mi profesor y mis amigos Marc y Alex. Ellos son el motivo por el que no me derrumbo. Son mi energía porque me entienden y me escuchan. Ojalá esa clase fuera la del instituto, probablemente ahora mismo estaría viva.

 

Así decía la última página de aquel diario empolvado y marrón. Ese en el que Marta escribía día tras día cada uno de sus sucesos. Los apuntaba allí, pero comencemos desde la génesis.

Todo apuntaba a un 9 de septiembre de 1986. Era mi primer día en la ciudad y en el instituto. Ese día en la puerta no pasó nada interesante, nadie me habló, ni una seña, un saludo, nada. Solo todos entramos a nuestras respectivas aulas y dimos comienzo a la clase de matemáticas que tanto odiaba, pero tenía que pasar de curso, así que me prometí que me iba a esforzar al máximo. Me reconfortaba un poco que la segunda hora era Lengua y Literatura, ya que era mi favorita. Desde muy pequeña me empecé a adentrar en este mundo de arte y dedicación. De hecho, yo, a mis escasos 13 años de edad, ya había ganado premios pequeños, pero para mí importantes. Sabía que esa clase, que duraba una hora, pasaba como cinco minutos. Era una cosa que superaba mi capacidad intelectual.

Cuando pasamos al descanso y subimos al patio, vi a un grupo de chicas de mi clase que estaban de pie en un lado del patio, así que me acerqué a ellas para saludarlas e intentar hacer alguna amiga. Su respuesta fue bastante agresiva, ya que me dijeron que me fuera sin más. Por tanto, preferí no meterme en problemas e irme. Al final, me quedé sola en una esquina observando como todos eran tan sociables, excepto yo. Cuando llegué a mi casa, no quería saber nada de nadie. Me sentía ahogada en mis propios pensamientos. Me tumbé en mi cama y quedé dormida en un profundo y largo sueño. Al día siguiente, le rogué a mi madre que no me obligara a ir al colegio, pero obviamente me obligó a ir. Una vez ya en la clase de biología, el profesor nos mandó hacer deberes, y así una hora. La siguiente clase era informática y cuando pasó esa hora nos tocaba subir al patio. Tenía miedo, no quería ir, pero algo me asombró. Una niña se me acercó. Se llamaba Elena y con ella pasé la media hora del recreo. Nos contamos demasiadas cosas en tan solo treinta minutos. Al día siguiente unos niños empezaron a insultarme diciendo cosas como: guarra, tonta, inútil… No les di mucha importancia los primeros días, ya que eran chorradas de adolescentes inmaduros, pero al cabo del tiempo me empezó a molestar y así hasta que un día cuando regresaba a mi casa decidí que no lo iba a soportar más. Cuando llegué a mi morada, cogí una cuchilla de afeitar de mi padre y me fui a mi cuarto. Una vez que ya estaba sentada en mi cama, cogí la cuchilla y la pasé furiosamente por mis muñecas hasta que poco a poco me iba desangrando y quedando sin aliento, así hasta morir.

 


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