Gabinete Psicopedagógico

En esta sección, encontrarás noticias interesantes recabadas de prensa, revistas especializadas u otros, siempre relacionadas con el gabinete psicopedagógico.

Noticia 5 – 12-02-2018

¿Su Hijo no acepta un no?

¿Su hijo no acepta un no por respuesta y se instala en el enfado constante cuando no consigue lo que quiere? Es posible que su educación esté basada en el consentimiento, la permisividad y la falta de límites o normas. Un niño consentido no nace, se hace y puede crear problemas de convivencia en casa como rabietas, agresividad o enfrentamientos y peleas habituales con personas de su entorno. “Son niños muy demandantes y caprichosos. No saben manejar el enfado y de ahí surge la rabia y consigo las rabietas. A medida que crecen, nos encontramos conductas todavía más agresivas, como peleas y conductas impulsivas”, explica Gema José Moreno, psicóloga infanto-juvenil.

Un niño consentido se muestra enfadado, insatisfecho, infeliz, dependiente de otras personas. “Carece de habilidad para establecer relaciones afectivas, vive en el enojo constante, por lo que al no recibir lo que quiere de los demás compañeros, suele entrar en conflicto con el resto, retarles y quedarse solo. Suele mostrarse insatisfecho la mayor parte del tiempo, es infeliz porque cuando consigue algo, pierde el interés por ello rápido y a medida que obtiene lo que quiere, su comportamiento empeora” explica la psicóloga, Gema José Moreno. Los niños consentidos se caracterizan por ser dependientes de terceros debido a que carecen de límites y no suelen tener tareas de responsabilidad, como ordenar su habitación.

Cuando el niño asimila que es él quien decide y se convierte en caprichoso e irresponsable, acaba por parecerse a un pequeño tirano, de ahí la denominación de síndrome del emperador para niños consentidos, cuyos progenitores evitan ponerles normas y límites para evitar enfrentamientos. “Los padres se centran en proveer al niño de la mayor parte de cosas materiales que demanda para compensar la falta de tiempo que se le dedica y se opta por entretenerle con la tablet o el móvil, con lo cual se deja de lado la educación en valores. Lo que el niño aprende así es que a través de una conducta negativa obtiene una consecuencia positiva, es decir, un consentimiento”, aclara Gema José Moreno.

Pautas para evitar niños consentidos en casa

Evitar errores en la educación de nuestros hijos que generen actitudes consentidoras con ellos por parte de los progenitores se puede conseguir con pautas como las que apunta, Sonia Buendía Lozano, Psicopedagoga y orientadora educativa de los colegios de la Fundación de Santamarca y de San Ramón y San Antonio (Fusara):

  1. Educar a los hijos desde la autoridad y el cariño.
  2. Tener normas coherentes, claras, realistas y adecuadas a su edad, que tengan consecuencias por su incumplimiento.
  3. Ser firmes desde el amor.
  4. Evitar ceder en las situaciones difíciles.
  5. Ofrecerles una educación rica en valores.
  6. Darles la oportunidad de tropezar, caer y equivocarse.
  7. Aceptar a los hijos de manera incondicional.
  8. Dar espacio a la comunicación, hablar de todo, compartir tiempo con ellos.
  9. Evitar rendirse en el empeño de educarlos, compartir intereses, preocuparnos por sus aficiones y gustos.

Cómo conseguir que el niño deje de estar consentido

Una vez que los progenitores detectan que su hijo es un tirano con síndrome del emperador ¿qué pueden hacer para reconducir la situación?

“Lo importante es reconocer la circunstancia en la que nos encontramos con los niños, evitar culpabilizarse por ello, establecer nuevas normas familiares e implicar al colegio para reconducir la situación. Los progenitores queremos ofrecer todo a nuestros hijos, pero también debe ir unido a unos límites claros, explicados y que el niño comprenda bien, para que sepa cuándo se excede en su comportamiento y las consecuencias de ello”, explica la psicóloga Gema José Moreno, que aclara que también puede ayudar consultar con profesionales como profesores, psicólogos o psicopedagogos.

Cuando se descubre que nuestro hijo está consentido conviene evitar culparse o cuestionarse como madre o padre y recordar que no por ello “tu hijo es malo. Es aconsejable tener en cuenta que cuidar y querer deben ir unidos, con el fin de proporcionar a los hijos una educación adecuada, pero con normas y límites concretos para que crezcan en valores como el respeto, el cariño o el esfuerzo y aprendan a considerar lo que tienen alrededor y a conseguir, por encima de todo, lo más importante, a ser felices”.

Noticia 4 – 15-11-2017

Cuánto, cómo y cuándo debe jugar tu hijo a videojuegos, según la neurociencia

Prohibir o evitar que los niños usen dispositivos electrónicos no tiene sentido alguno, como tampoco lo tiene evitar que, a cierta edad, tengan un móvil

La palabra e-sport cada vez aparece más en los medios de comunicación. Se trata de competiciones de videojuegos en las que participa un solo jugador o multijugador. Es decir, el jugador contra la máquina o contra otros jugadores, ya sea en una misma localización o a través de internet, con un jugador en Singapur y otro en Albacete, por ejemplo. Existen, de hecho, canales de televisión que retransmiten partidas de e-sport con narradores y comentaristas, como si se tratara de un partido de fútbol. Es más, ya no es tan llamativo que un club e-sport fiche a un jugador, de tan solo 18 años, por 200.000 euros al año. O que en un torneo se repartan premios por valor de 18 millones de euros. Es un negocio boyante, lo que significa que tiene su público y que además va a pagar por ello.

Más sobre videojuegos

Sin embargo, para los apocalípticos, los videojuegos son poco menos que un colorido y luminoso demonio que anuncia el fin de la edad de oro. Tanto que hay voces que alertan sobre los peligros inherentes a los videojuegos, desde una posible adicción a un aumento de la violencia. Sin embargo, prohibir o evitar que los niños jueguen con dispositivos electrónicos no tiene sentido alguno, como tampoco lo tiene evitar que, a una determinada edad, nuestros hijos tengan un teléfono móvil. Al contrario, si el niño no participa de ese entretenimiento, será considerado raro por los demás y en algunos casos será rechazado. Nuestros esfuerzos, como padres y educadores, deben dirigirse a aconsejar e influir a qué, cuánto, cuándo y cómo juegan. Dicho de otro modo, debemos ser realistas.

Antes de nada, conviene recordar que los videojuegos son un tipo más de juegos y que nunca deben ser el único modo de juego del niño, ni siquiera al que dediquen más tiempo. Lo mismo diríamos de un niño que se encerrara en casa para leer de cabo a rabo la Enciclopedia Britanica. Como ya hemos dicho en otro artículo, sobre el juego y el cerebro:

Desde el punto de vista del entorno donde hemos evolucionado como especie, el mejor juego es el que se produce en el exterior, moviéndose y en grupos de niños de diferentes edades. El juego es el mejor medio para aprender destreza y habilidades cognitivas de todo tipo incluidas las sociales.

El videojuego no es un juego de azar, donde la suerte es el componente fundamental. Aunque a veces la suerte influye -como en cualquier aspecto de la vida-, lo que más cuenta es la habilidad del jugador para desarrollar una estrategia con la que superar los retos que se le presentan. Estas habilidades pueden ser muy complejas, hasta el punto de que muchas grandes compañías, como IBM, han llegado a buscar a sus líderes entre los mejores jugadores de ciertos tipos de videojuegos

En este sentido, en otro artículo ya hablamos sobre los mitos acerca del uso de videojuegos desde la perspectiva neurocientífica, en concreto sobre si fomentan el aislamiento social, la violencia, depresión y/o ansiedad o si aumentan o disminuyen las capacidades cognitivas. Por lo tanto, nos centraremos en otros aspectos, como el horario, el tiempo y los tipos de juegos que existen.

Cuándo deben jugar

En general, podemos establecer dos reglas básicas:

  1. Cuando se va el sol, el cerebro, que sigue un ritmo circadiano, pone en marcha un mecanismo para la producción de melatonina, una hormona que favorece el sueño. La luz azul de los dispositivos electrónicos puede alterar este proceso. Por lo tanto, desde ese momento, el acceso, ya sea para jugar o para ver cualquier tipo de contenido, debe hacerse con filtros de luz azul o activando el modo noche para que la pantalla se vea con tonos anaranjados y luz más débil.
  2. Después de cenar y en el periodo previo a irse a dormir, no se debe jugar, pues se estimula el cerebro y por lo tanto el cuerpo, lo cual va en contra del proceso fisiológico del sueño. De hecho, esa estimulación puede aumentar la producción de la hormona cortisol, que nos prepara para la acción.

Cuánto deben jugar

Como ya se ha dicho, siempre debemos dar preferencia al juego al aire libre. Si los niños realizan este tipo de juegos con normalidad, no debería preocuparnos que jueguen con videojuegos en otros momentos.

De 3 a 12 años, lo recomendable es dejar jugar a los niños entre una y dos horas máximo al día, sobre todo durante los fines de semana. Al menos eso es lo que recomienda la Asociación Pediátrica Americana. Ahora bien, a partir de esa edad el límite dos horas será ciertamente complicado de mantener. Por todo ello, es necesario poner normas en cuanto a que días y horas se puede jugar. Y no romperlas.

Por eso, algo muy importante es cómo conseguimos que los niños dejen de jugar. Lo mejor es establecer un tiempo con anterioridad y asegurarnos de que nuestros hijos lo han entendido. De esta forma, hay que avisar con unos minutos de antelación para que guarden la partida o la acaben de la mejor manera posible. Eso sí, una vez llegado el momento de cortar, hay que ser tajantes. Insistimos: no vale titubear.

A qué deben jugar

A la hora de comprar un videojuego, hay que tener en cuenta su clasificación según el contenido. Al igual que las películas, los videojuegos tienen marcada cuál es la edad mínima para poder jugarlo. En España se sigue la normativa europea PEGI (Pan European Game Information), que establece la edad mínima aconsejable para cada juego.

Antes de los 3 años los niños no muestran interés por los videojuegos, ya que no disponen de las habilidades cognitivas suficientes. Su interacción con ordenadores, tablets y móviles son para ver contenido de video, como dibujos animados, películas infantiles o incluso algo tan insólito como contemplar a una niña abrir cincuenta huevos sorpresa seguidos.

Sin embargo, existen multitud de juegos adecuados para niños a partir de 3 años. En ellos se premia su imaginación y habilidad, a la vez que pueden mejorar ciertas habilidades cognitivas en su desarrollo. Por ejemplo, en 2012, un estudio con niños entre 3 y 7 años que habían usado la aplicación Martha Speaks Dog Party durante 15 días seguidos, constató un aumento del vocabulario en un 31 por ciento de los participantes.

Nuestra recomendación son juegos donde el objetivo sea construir cosas sencillas, identificar animales o desarrollar habilidades de lecto-escritura, ya que a esa edad empiezan con ese aprendizaje en la escuela. Suelen ser, además, juegos que no necesitan continuidad, ya que los niños a esas edades suelen cansarse y aburrirse rápido por su capacidad limitada de mantener la atención o elaborar razonamientos complejos sobre estrategias del juego. Y algo muy importante: es recomendable que los padres jueguen con los niños.

Dado que a partir de los 7 años los niños son más autónomos y con más habilidades cognitivas, los juegos tienen una mayor más dificultad, lo cual exige el desarrollo de estrategias de mayor nivel. Por lo tanto, los niños ya pueden “engancharse” con más facilidad, así que debemos estar atentos a los límites de tiempo.

Existen juegos recomendables de construcción, como Minecraft en su versión educativa o Lego Worlds. Son juegos muy libres, donde se puede hacer cualquier tipo de construcción, lo que fomenta la imaginación.

También son recomendables juegos de tipo plataforma, como Crash Bandicoot o Ratchet & Clank, donde un personaje tipo comic supera retos en un mundo imaginario. En estos juegos cuentan la habilidad y la rapidez más que en los juegos puros de estrategia. Asimismo, los niños ya empiezan a utilizar simuladores deportivos tipo FIFA o Fórmula 1, que en su nivel fácil son bastante entretenidos y pueden jugarse en familia.

A partir de los 12 años

A partir de los 12 años el niño ya es capaz de sostener la atención y concentrarse mucho tiempo, así que puede adentrarse en juegos de alto nivel, tanto de habilidad como estrategia. De hecho, resulta bastante sorprendente el nivel de destreza que pueden desarrollar en su interacción con la máquina. Y también bastante desalentador para nosotros cuando jugamos con ellos.

Al igual que el cine o la televisión, no son perjudiciales por sí mismos, sino del uso que hacemos de ellos, de la misma forma que un cuchillo sirve para cortar la carne o para atracar gasolineras

Para estas edades destacan juegos como Civilization y Sim City, donde se pueden construir ciudades y manejar recursos, esto es, elaborar estrategias más o menos complicadas para prosperar en un mundo virtual. Estos juegos pueden llegar a tener niveles de dificultad extraordinarios, donde el jugador debe prestar atención para mantener más de cien variables.

Hay, asimismo, aventuras gráficas que son divertidas y entrañan dificultad, como la serie de Zelda, donde, aparte de recorrer mundos más o menos imaginarios, hay que resolver enigmas y encontrar objetos valiosos, con luchas adaptadas al mundo infantil. También existen juegos de lucha con violencia limitada y en tono humorístico, como Overwatch.

Pero sin duda es la edad de los simuladores deportivos, donde el rey indiscutible es la serie Fifa, tanto en versión jugador contra la máquina como jugadores contra otros jugadores. Estos juegos tienen el aliciente que pueden jugarse en familia o con otros niños. Es más, así son mucho más divertidos.

Con más de 14 años

A partir de 14 o 15 años aparece inevitablemente la preferencia hacia juegos tipo MMO en línea (Juegos multijugador en línea cooperativos), donde se juntan jugadores de todo el mundo con avatares virtuales en misiones que pueden llegar a tener una complejidad muy elevada. El rey indiscutible es World of Warcraft (abreviadamente WOW) con más de 10 millones de suscriptores en el mundo. Se puede, individual o colectivamente, hacer equipos, construir ciudades o luchar contra los equipos rivales…

El problema principal a partir de los 14 años es que los videojuegos pueden restar tiempo a otras actividades, como el estudio, el deporte o la interacción familiar. En los adolescentes es mucho más difícil imponer una disciplina, así que lo recomendable es, por ejemplo, ofrecer alternativas de diversión al aire libre, tanto con amigos como dentro de la familia. Es decir, el niño es quien debe encontrar en las actividades alternativas un placer mayor que el de estar frente a una pantalla. Esa labor es familiar, escolar y, en general, del entorno que rodea al niño. Y no es fácil. Exige tiempo y esfuerzo.

El sentido común, pues, deberá prevalecer en nuestra relación con niños y videojuegos. No hay otra fórmula

Asimismo, como hemos explicado otras veces, juegos más o menos violentos -a menudo los que más gustan a partir de los 14 años- no hacen niños más violentos o producen comportamientos antisociales. Al contrario, lo más frecuente es que un entorno familiar y social inadecuado o desestructurado pueda provocar que el niño se refugie en el videojuego para evadirse sea más un efecto que una causa.

La mayoría de videojuegos son online y pueden conectarse a través de internet con otros jugadores. Se puede interactuar con ellos de múltiples maneras. Muchas son beneficiosas, pues sirven para jugar en cooperación y así aprender o desarrollar estrategias. Otras, en cambio, son perjudiciales, como retroalimentarse con otros jugadores para jugar más tiempo, aprender un lenguaje inapropiado o incluso crear una relación que va más allá del juego con alguien que no se sabe quién es. Por lo tanto, debemos vigilar con quién juega nuestro hijo y cómo lo hace.

Seamos claros: los videojuegos en dispositivos móviles, consolas y ordenadores son una realidad que manejan miles de millones de euros en un mundo cada vez más tecnológico. Y a los niños les encantan. Al igual que el cine o la televisión, no son perjudiciales por sí mismos, sino del uso que hacemos de ellos, de la misma forma que un cuchillo sirve para cortar la carne o para atracar gasolineras. El sentido común, pues, deberá prevalecer en nuestra relación con niños y videojuegos. No hay otra fórmula.

*Mario Fernández es profesor de Neurociencia en la Universidad Autónoma de Madrid

Noticia 3 – 11/9/2017

Cómo lograr que los niños hagan caso a los padres sin aplicar castigo 

Educar se hace a largo plazo y el castigo sólo funciona en el corto

Castigar a los hijos los aleja afectivamente de sus padres porque “siembre el miedo” en ellos

Una semana sin tele, sin móvil, sin tabletas, sin videojuegos… Sin nada. El castigo como estrategia educativa está desfasado y así lo afirman las investigaciones al respecto publicadas en los últimos años y también los expertos en educación, que apuestan por aplicarla siempre en positivo y, sobre todo, por alejarla de la idea de prohibición y de los cánones del pasado.

El objetivo es conseguir que los pequeños se habitúen a hacer caso a los padres y, para ello, el castigo no es la mejor opción. Mucho más óptimo es acostumbrarlos a escuchar a los progenitores y, en esa escucha, administrar consejos que, al cabo, consigan reprimir en ellos sus malos comportamientos.

La razón de que castigar ya no sirva es que se ha entendido que la meta es educar a largo plazo y no sólo enseñarles a obedecer en un momento dado. Es decir, no emplear el castigo no significa que los niños hagan lo que les venga en gana sino, precisamente, lo contrario.

Así lo explican a este periódico las psicólogas Cecilia Martin y Marina García, directoras del Instituto de psicología y desarrollo personal Psicode: “A los pequeños hay que ponerles límites y reglas porque son necesarios para su educación y desarrollo. Los límites les dan seguridad porque, así, crecen sabiendo cómo funciona el mundo que les rodea, saben qué se espera de ellos y qué normas deben respetar. Debemos evitar sobreprotegerlos y consentirles. Pero no es necesario usar el castigo, tenemos otros métodos más positivos y respetuosos que no dañan la autoestima del menor ni su relación con el adulto”.

Porque realmente, “¿qué queremos como padres?”, reflexionan. “¿Queremos que nuestros hijos nos obedezcan porque yo lo mando o, por el contrario, queremos que crezcan con libertad de pensamiento y respetando a los demás, a sí mismos y a su entorno?”.

El castigo como técnica a corto plazo, para que el niño obedezca y se comporte como quieren sus padres, es eficaz, pero lo que interesa es educarlos, es decir, “enseñarles a pensar y no tanto a obedecer. Si usamos el castigo, los niños obedecerán por miedo, no porque entiendan la norma ni porque la interioricen. Castigar no hace a los niños más responsables sino más obedientes por miedo a la sanción“, explican.

Con los adolescentes, las normas y los límites deben estar muy claros. Los chicos deben saber qué es lo que tienen que hacer y, sobre todo, las consecuencias que tendrá su mal comportamiento: “Si las normas y sus consecuencias están claras, no se tendrá que acudir al último recurso, que es el castigo. Mejor prevenir y dialogar”, sostiene el doctor en Psicología José Amador Delgado Montoto, autor de Mi hijo no estudia, no ayuda, no obedece. 25 reglas para solucionarlo (Ed. Pirámide). Los jóvenes tienen que saber de antemano que no hacer la cama tendrá consecuencias; previamente establecidas.

Sucede, además, que cuando se usa el castigo se cometen errores. Si el niño ha hecho algo mal un martes, se le castiga sin tele el fin de semana, se ponen castigos desproporcionados o se le riñe aludiendo a su persona en vez de a su actitud: “Eres muy desordenado siempre, no puedes ser así”, en vez de “hoy has dejado la habitación desordenada, y sabes que hay que recogerla cada día”.

“Siempre es mejor corregir que castigar porque el castigo afecta a la persona, la minusvalora, mientras que la corrección se hace sobre la conducta y no sobre el niño”, apunta Delgado. Otro de los motivos por los que, actualmente, se rechaza el castigo es porque puede desgastar en la confianza entre padres e hijos.

“El castigo genera rebeldía y agresividad en los niños y les aleja afectivamente de sus padres porque es difícil querer a alguien a quien se le tiene miedo. A medida que pasa el tiempo, los padres que usan este método sembrarán resentimiento y falta de confianza en sus hijos”, explican las psicólogas Martín y Marina.

También provoca dificultades sociales: “Los niños aprenden por imitación por lo que, si usamos el castigo con ellos, éste será un modelo que usarán en sus relaciones con los demás cuando algo no suceda como ellos quieren, dificultando así sus relaciones sociales”.

La psicóloga Silvia Álava, directora del Área Infantil del Centro de Psicología Álava Reyes, apela a dos conceptos clave que resultan útiles a la hora de educar: refuerzo y extinción. “El objetivo es consolidar las conductas positivas que hacen bien y suprimir las negativas”, explica.

El refuerzo consiste en ofrecer una actividad positiva al pequeño cuando haya hecho algo bien. Por ejemplo, ha recogido sus juguetes sin que los papás le digan nada, y éstos aplauden su conducta porque es lo que tiene que hacer: “No hay mejor refuerzo para un niño que la atención de los padres”, apunta Álava, autora de los libros Queremos hijos felices Queremos que crezcan felices.

Pero la mayoría de las veces les prestamos más atención cuando hacen algo mal. Por ello, es importante reforzar lo que hacen bien, hacerles ver que eso es lo correcto y que a los padres les pone contentos. La extinción consiste es suprimir o tratar de evitar que los niños hagan cosas que no agradan a los padres, y dejar de prestarles atención cuando las hagan. En vez de castigar, poner en práctica el hoy no te lo has ganado.

Porque no se trata de prohibir sino de ganarse las cosas. “A partir de hoy, no habrá castigos sino que será el pequeño quien se gane el jugar con el ordenador, o estar más minutos con la tableta”, afirma Álava. Y así lo deben comunicar los padres a sus hijos.

¿Cómo se ganan eso los niños? Muy fácil: haciendo los deberes a su hora, yéndose a la cama sin rechistar, haciendo sus tareas, etc. En definitiva, cumpliendo las normas de la casa. “Hay que educar en positivo”, afirma. Por tanto “en vez de castigo” se dirá algo como: “Hoy no te has ganado el derecho de ver la televisión o de jugar con el móvil de mamá o papá”.

Se trata de ganarse las cosas porque, según explica Álava, se da por hecho que un niño tiene derecho a jugar con el móvil y, si no hace sus obligaciones, le castigamos sin ello. Sin embargo, los hijos han de saber que, si quieren jugar con el móvil, tendrán que hacer sus tareas y portarse bien, y así ganarse el derecho a tal cosa. Por supuesto las normas, los límites y los no derechos deben ser siempre adecuados y adaptados a su edad. Por lo que también, sostiene Álava, se puede usar este método educativo con hijos adolescentes.

Por ejemplo: su hijo de siete años ha recogido toda la habitación cuando ha terminado de jugar. Los padres pueden decirle: “Muy bien, hoy puedes jugar con la tableta una hora”. De este modo, “estaremos reforzando la conducta que hace bien (recoger su cuarto), interiorizándola e instaurándola en su rutinas diarias. Por lo que será una conducta que aprenderán y que mantendrán para el futuro”, amplía Álava.

Otra cuestión fundamental es que, aunque los niños se hayan portado fatal nunca hay que negarles su derecho a jugar. “Cuando les digamos que hoy no pueden realizar una actividad concreta, porque no se la han ganado, hay que referirse a cosas como el móvil, la tableta, el ordenador o la televisión, pero nunca a su derecho a jugar, como niños que son”, concluye esta psicóloga.

Noticia 2 – 04/5/2017

Los expertos alertan: mejor sin móvil hasta los 12 años

Recomiendan a los padres darse de alta en todas las redes sociales donde están presentes los hijos

Cuanto más presente se esté en las redes sociales y más al día en cómo funcionan, mejor capacidad de reacción se tendrá a la hora de gestionar o evitar problemas con los hijos como posibles casos de ciberacoso. Esta es una de las principales recomendaciones que lanzaron ayer los expertos que participaron en la jornada sobre Actualización Pediátrica organizada por el hospital Casa de la Salud.

Sergio Fernández, miembro del Grupo de Delitos Telemáticos de la Guardia Civil de València, insistió ante padres y profesionales que era de suma importancia no regalar móviles a los niños menores de 12 años e intentar romper la brecha digital que separa a padres de hijos. «Hay que darse de alta en todas las redes sociales en las que estén sus hijos para poder estar a su mismo nivel en conocimientos digitales», aseguró.

Fernández también animó tanto a padres como a pediatras a preguntar a los niños por posibles situaciones de acoso que estuvieran sufriendo e insistió en la necesidad de evolucionar al mismo ritmo tecnológico que los jóvenes para eliminar ese desfase generacional.

En este sentido y también en torno a la problemática de los adolescentes se apuntó que los ordenadores deberían estar en un sitio común de la casa y no en las habitaciones para poder observar «con quienes hablan». Los expertos que participaron en la jornada también aconsejaron no dejar ningún soporte digital a los menores de dos años por los posibles problemas ligados al desarrollo «pueden llegar unos estímulos luminosos que pueden lesionar las retinas y los sobreestimulan».

Noticia 1 – 27/01/2017

¡Este niño ya no obedece!

No son malos, no les pasa nada extraño y tampoco se han vuelto sordos de repente. Simplemente están creciendo y adoptan rasgos que todos tenemos. Porque la desobediencia es algo natural a la condición humana. Y si no, haz examen de conciencia.

Pero, ¿qué es la desobediencia en el niño? Los psicólogos infantiles la definen como «la negativa o el rechazo injustificado a iniciar, mantener o completar, en un plazo determinado de tiempo, una instrucción u orden emitida por una persona que ejerza autoridad sobre el niño. Se da con mucha frecuencia en la niñez y suele remitir de forma espontánea cuando el niño crece».

Se trata de una conducta que se da tras una interacción con la madre, el padre, el profesor, el tutor… y a la hora de definirla hay que evaluar ese contexto.

También hay que tener en cuenta que las conductas de desobediencia abarcan un abanico muy amplio, como explica el psicocuento ‘La desobediencia del niño que se hace el sordo’, escrito con la colaboración de psicólogos infantiles. «Desde conductas que podríamos definir como suaves (como de ‘pasotismo’, el niño hace como que no oye y, por tanto, ‘pasa’ de lo que se le está ordenando) a conductas de oposicionismo ligero (el niño dice activamente ‘no’ a todo o casi todo lo que se le pide), hasta las conductas de oposicionismo grave o antisociales (el niño patalea, pega, insulta, destroza objetos cuando se le niega lo que quiere)».

¿Cuándo es preocupante? Cuando se mantiene en el tiempo, si es muy frecuente y se da en distintos ambientes, o si perjudica la relación familiar y el desarrollo personal y académico del niño.

Ayudarle a obedecer

Para facilitar el cambio del pequeño y su crecimiento, además de ayudarle a madurar, y que vaya obedeciendo, los expertos de este psicocuento dan los siguientes consejos:

—Refuerza siempre las conductas de obediencia de tu hijo y da el refuerzo en cuanto el niño obedezca (o lo antes posible). Los reforzadores pueden ser muy variados: tangibles (lápices de colores, cuentos…), de actividad (ir al cine, salir al parque…), sociales (un beso de sus padres, halagos…)

—Empieza a hacer esto con las peticiones que el niño obedece más fácilmente.

—Cumple siempre lo que le hayas prometido.

—Favorece la cooperación del niño (da las órdenes en situaciones que a él le resulte más fácil obedecer).

—Recuerda que las órdenes bien dadas facilitan su cumplimiento.

—Procura que todas las personas cercanas al niño (cuidador, abuelos…) conozcan y apliquen el programa de refuerzos que te hayas propuesto.

—Recuerda utilizar siempre el refuerzo social.

—No hay que culpabilizar ni a uno mismo ni al niño si las cosas no van como debieran.

—No pierdas nunca la paciencia ni el buen humor y controla tu ira siempre. No le grites.

Recuerda que si nada te funciona y te sientes incapaz de seguir, siempre es mejor consultar a un experto y no dar por perdida la situación. Y menos aún permitirle todo a tu hijo, se volverá en contra de ambos.

Más trucos, ejercicios y modos de llevar a cabo la intervención que ayude al niño a ir obedeciendo en ‘La desobediencia del niño que se hace el sordo’, de la colección ‘Muchos más que un cuento’, editorial Pirámide.