Gabinete Psicopedagógico

En esta sección, encontrarás noticias interesantes recabadas de prensa, revistas especializadas u otros, siempre relacionadas con el gabinete psicopedagógico.

Noticia 3 – 11/9/2017

Cómo lograr que los niños hagan caso a los padres sin aplicar castigo 

Educar se hace a largo plazo y el castigo sólo funciona en el corto

Castigar a los hijos los aleja afectivamente de sus padres porque “siembre el miedo” en ellos

Una semana sin tele, sin móvil, sin tabletas, sin videojuegos… Sin nada. El castigo como estrategia educativa está desfasado y así lo afirman las investigaciones al respecto publicadas en los últimos años y también los expertos en educación, que apuestan por aplicarla siempre en positivo y, sobre todo, por alejarla de la idea de prohibición y de los cánones del pasado.

El objetivo es conseguir que los pequeños se habitúen a hacer caso a los padres y, para ello, el castigo no es la mejor opción. Mucho más óptimo es acostumbrarlos a escuchar a los progenitores y, en esa escucha, administrar consejos que, al cabo, consigan reprimir en ellos sus malos comportamientos.

La razón de que castigar ya no sirva es que se ha entendido que la meta es educar a largo plazo y no sólo enseñarles a obedecer en un momento dado. Es decir, no emplear el castigo no significa que los niños hagan lo que les venga en gana sino, precisamente, lo contrario.

Así lo explican a este periódico las psicólogas Cecilia Martin y Marina García, directoras del Instituto de psicología y desarrollo personal Psicode: “A los pequeños hay que ponerles límites y reglas porque son necesarios para su educación y desarrollo. Los límites les dan seguridad porque, así, crecen sabiendo cómo funciona el mundo que les rodea, saben qué se espera de ellos y qué normas deben respetar. Debemos evitar sobreprotegerlos y consentirles. Pero no es necesario usar el castigo, tenemos otros métodos más positivos y respetuosos que no dañan la autoestima del menor ni su relación con el adulto”.

Porque realmente, “¿qué queremos como padres?”, reflexionan. “¿Queremos que nuestros hijos nos obedezcan porque yo lo mando o, por el contrario, queremos que crezcan con libertad de pensamiento y respetando a los demás, a sí mismos y a su entorno?”.

El castigo como técnica a corto plazo, para que el niño obedezca y se comporte como quieren sus padres, es eficaz, pero lo que interesa es educarlos, es decir, “enseñarles a pensar y no tanto a obedecer. Si usamos el castigo, los niños obedecerán por miedo, no porque entiendan la norma ni porque la interioricen. Castigar no hace a los niños más responsables sino más obedientes por miedo a la sanción“, explican.

Con los adolescentes, las normas y los límites deben estar muy claros. Los chicos deben saber qué es lo que tienen que hacer y, sobre todo, las consecuencias que tendrá su mal comportamiento: “Si las normas y sus consecuencias están claras, no se tendrá que acudir al último recurso, que es el castigo. Mejor prevenir y dialogar”, sostiene el doctor en Psicología José Amador Delgado Montoto, autor de Mi hijo no estudia, no ayuda, no obedece. 25 reglas para solucionarlo (Ed. Pirámide). Los jóvenes tienen que saber de antemano que no hacer la cama tendrá consecuencias; previamente establecidas.

Sucede, además, que cuando se usa el castigo se cometen errores. Si el niño ha hecho algo mal un martes, se le castiga sin tele el fin de semana, se ponen castigos desproporcionados o se le riñe aludiendo a su persona en vez de a su actitud: “Eres muy desordenado siempre, no puedes ser así”, en vez de “hoy has dejado la habitación desordenada, y sabes que hay que recogerla cada día”.

“Siempre es mejor corregir que castigar porque el castigo afecta a la persona, la minusvalora, mientras que la corrección se hace sobre la conducta y no sobre el niño”, apunta Delgado. Otro de los motivos por los que, actualmente, se rechaza el castigo es porque puede desgastar en la confianza entre padres e hijos.

“El castigo genera rebeldía y agresividad en los niños y les aleja afectivamente de sus padres porque es difícil querer a alguien a quien se le tiene miedo. A medida que pasa el tiempo, los padres que usan este método sembrarán resentimiento y falta de confianza en sus hijos”, explican las psicólogas Martín y Marina.

También provoca dificultades sociales: “Los niños aprenden por imitación por lo que, si usamos el castigo con ellos, éste será un modelo que usarán en sus relaciones con los demás cuando algo no suceda como ellos quieren, dificultando así sus relaciones sociales”.

La psicóloga Silvia Álava, directora del Área Infantil del Centro de Psicología Álava Reyes, apela a dos conceptos clave que resultan útiles a la hora de educar: refuerzo y extinción. “El objetivo es consolidar las conductas positivas que hacen bien y suprimir las negativas”, explica.

El refuerzo consiste en ofrecer una actividad positiva al pequeño cuando haya hecho algo bien. Por ejemplo, ha recogido sus juguetes sin que los papás le digan nada, y éstos aplauden su conducta porque es lo que tiene que hacer: “No hay mejor refuerzo para un niño que la atención de los padres”, apunta Álava, autora de los libros Queremos hijos felices Queremos que crezcan felices.

Pero la mayoría de las veces les prestamos más atención cuando hacen algo mal. Por ello, es importante reforzar lo que hacen bien, hacerles ver que eso es lo correcto y que a los padres les pone contentos. La extinción consiste es suprimir o tratar de evitar que los niños hagan cosas que no agradan a los padres, y dejar de prestarles atención cuando las hagan. En vez de castigar, poner en práctica el hoy no te lo has ganado.

Porque no se trata de prohibir sino de ganarse las cosas. “A partir de hoy, no habrá castigos sino que será el pequeño quien se gane el jugar con el ordenador, o estar más minutos con la tableta”, afirma Álava. Y así lo deben comunicar los padres a sus hijos.

¿Cómo se ganan eso los niños? Muy fácil: haciendo los deberes a su hora, yéndose a la cama sin rechistar, haciendo sus tareas, etc. En definitiva, cumpliendo las normas de la casa. “Hay que educar en positivo”, afirma. Por tanto “en vez de castigo” se dirá algo como: “Hoy no te has ganado el derecho de ver la televisión o de jugar con el móvil de mamá o papá”.

Se trata de ganarse las cosas porque, según explica Álava, se da por hecho que un niño tiene derecho a jugar con el móvil y, si no hace sus obligaciones, le castigamos sin ello. Sin embargo, los hijos han de saber que, si quieren jugar con el móvil, tendrán que hacer sus tareas y portarse bien, y así ganarse el derecho a tal cosa. Por supuesto las normas, los límites y los no derechos deben ser siempre adecuados y adaptados a su edad. Por lo que también, sostiene Álava, se puede usar este método educativo con hijos adolescentes.

Por ejemplo: su hijo de siete años ha recogido toda la habitación cuando ha terminado de jugar. Los padres pueden decirle: “Muy bien, hoy puedes jugar con la tableta una hora”. De este modo, “estaremos reforzando la conducta que hace bien (recoger su cuarto), interiorizándola e instaurándola en su rutinas diarias. Por lo que será una conducta que aprenderán y que mantendrán para el futuro”, amplía Álava.

Otra cuestión fundamental es que, aunque los niños se hayan portado fatal nunca hay que negarles su derecho a jugar. “Cuando les digamos que hoy no pueden realizar una actividad concreta, porque no se la han ganado, hay que referirse a cosas como el móvil, la tableta, el ordenador o la televisión, pero nunca a su derecho a jugar, como niños que son”, concluye esta psicóloga.

Noticia 2 – 04/5/2017

Los expertos alertan: mejor sin móvil hasta los 12 años

Recomiendan a los padres darse de alta en todas las redes sociales donde están presentes los hijos

Cuanto más presente se esté en las redes sociales y más al día en cómo funcionan, mejor capacidad de reacción se tendrá a la hora de gestionar o evitar problemas con los hijos como posibles casos de ciberacoso. Esta es una de las principales recomendaciones que lanzaron ayer los expertos que participaron en la jornada sobre Actualización Pediátrica organizada por el hospital Casa de la Salud.

Sergio Fernández, miembro del Grupo de Delitos Telemáticos de la Guardia Civil de València, insistió ante padres y profesionales que era de suma importancia no regalar móviles a los niños menores de 12 años e intentar romper la brecha digital que separa a padres de hijos. «Hay que darse de alta en todas las redes sociales en las que estén sus hijos para poder estar a su mismo nivel en conocimientos digitales», aseguró.

Fernández también animó tanto a padres como a pediatras a preguntar a los niños por posibles situaciones de acoso que estuvieran sufriendo e insistió en la necesidad de evolucionar al mismo ritmo tecnológico que los jóvenes para eliminar ese desfase generacional.

En este sentido y también en torno a la problemática de los adolescentes se apuntó que los ordenadores deberían estar en un sitio común de la casa y no en las habitaciones para poder observar «con quienes hablan». Los expertos que participaron en la jornada también aconsejaron no dejar ningún soporte digital a los menores de dos años por los posibles problemas ligados al desarrollo «pueden llegar unos estímulos luminosos que pueden lesionar las retinas y los sobreestimulan».

Noticia 1 – 27/01/2017

¡Este niño ya no obedece!

No son malos, no les pasa nada extraño y tampoco se han vuelto sordos de repente. Simplemente están creciendo y adoptan rasgos que todos tenemos. Porque la desobediencia es algo natural a la condición humana. Y si no, haz examen de conciencia.

Pero, ¿qué es la desobediencia en el niño? Los psicólogos infantiles la definen como «la negativa o el rechazo injustificado a iniciar, mantener o completar, en un plazo determinado de tiempo, una instrucción u orden emitida por una persona que ejerza autoridad sobre el niño. Se da con mucha frecuencia en la niñez y suele remitir de forma espontánea cuando el niño crece».

Se trata de una conducta que se da tras una interacción con la madre, el padre, el profesor, el tutor… y a la hora de definirla hay que evaluar ese contexto.

También hay que tener en cuenta que las conductas de desobediencia abarcan un abanico muy amplio, como explica el psicocuento ‘La desobediencia del niño que se hace el sordo’, escrito con la colaboración de psicólogos infantiles. «Desde conductas que podríamos definir como suaves (como de ‘pasotismo’, el niño hace como que no oye y, por tanto, ‘pasa’ de lo que se le está ordenando) a conductas de oposicionismo ligero (el niño dice activamente ‘no’ a todo o casi todo lo que se le pide), hasta las conductas de oposicionismo grave o antisociales (el niño patalea, pega, insulta, destroza objetos cuando se le niega lo que quiere)».

¿Cuándo es preocupante? Cuando se mantiene en el tiempo, si es muy frecuente y se da en distintos ambientes, o si perjudica la relación familiar y el desarrollo personal y académico del niño.

Ayudarle a obedecer

Para facilitar el cambio del pequeño y su crecimiento, además de ayudarle a madurar, y que vaya obedeciendo, los expertos de este psicocuento dan los siguientes consejos:

—Refuerza siempre las conductas de obediencia de tu hijo y da el refuerzo en cuanto el niño obedezca (o lo antes posible). Los reforzadores pueden ser muy variados: tangibles (lápices de colores, cuentos…), de actividad (ir al cine, salir al parque…), sociales (un beso de sus padres, halagos…)

—Empieza a hacer esto con las peticiones que el niño obedece más fácilmente.

—Cumple siempre lo que le hayas prometido.

—Favorece la cooperación del niño (da las órdenes en situaciones que a él le resulte más fácil obedecer).

—Recuerda que las órdenes bien dadas facilitan su cumplimiento.

—Procura que todas las personas cercanas al niño (cuidador, abuelos…) conozcan y apliquen el programa de refuerzos que te hayas propuesto.

—Recuerda utilizar siempre el refuerzo social.

—No hay que culpabilizar ni a uno mismo ni al niño si las cosas no van como debieran.

—No pierdas nunca la paciencia ni el buen humor y controla tu ira siempre. No le grites.

Recuerda que si nada te funciona y te sientes incapaz de seguir, siempre es mejor consultar a un experto y no dar por perdida la situación. Y menos aún permitirle todo a tu hijo, se volverá en contra de ambos.

Más trucos, ejercicios y modos de llevar a cabo la intervención que ayude al niño a ir obedeciendo en ‘La desobediencia del niño que se hace el sordo’, de la colección ‘Muchos más que un cuento’, editorial Pirámide.